Resumen
En enero de 1972, la actriz Concha Velasco y el actor Juan Diego solicitaron al empresario del Teatro Lara en aquellos días, Conrado Blanco, un día de descanso. No solo les fue denegado, sino que además fueron despedidos por hacer la petición. Aquel gesto de dignidad marcó el inicio de un malestar creciente entre los actores, que llevaban años soportando jornadas extenuantes, sueldos precarios y la ausencia de derechos laborales. Esa chispa encendió una conciencia colectiva que, tras años de organización clandestina y reivindicaciones ignoradas, culminaría en la histórica huelga de actores de 1975, un hito en la lucha por la dignificación del oficio en plena recta final del franquismo.

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